Cuando descubres que la “Navidad Ralph Lauren” siempre fue, en realidad, la Navidad de nuestras mamás
- Los Días Simples

- 1 dic 2025
- 4 Min. de lectura
A veces las tendencias nos sorprenden con un déjà vu inesperado. Ves una imagen, un color, un lazo… y sin darte cuenta estás de vuelta en la sala donde creciste. Eso me pasa con la “Navidad Ralph Lauren”. Todos hablan de la estética, de los cuadros, del rojo profundo, del verde clásico. Y mientras masveo imagenes, solo pienso en algo casi obvio: muchas de nosotras ya habíamos vivido esa Navidad antes. No en una revista, no en Pinterest… sino en nuestras casas donde las mamás hacían magia sin saberlo.
Les voy a contar algo muy simple, pero muy nuestro.
Cada vez que veo esta tendencia tan viral, no pienso en moda. Pienso en esa escena repetida en tantos hogares: la caja de cintas que aparece en diciembre, la mesa convertida en taller improvisado, ese momento en el que se prueba cuál lazo le da más vida al árbol. Nada de eso buscaba verse perfecto. Había algo más profundo: un deseo quieto de crear un espacio que se sintiera cálido cuando entráramos a la sala.
En mi casa, mientras se ajustaban las ramas, sonaban gaitas venezolanas en la radio. No como un playlist muy planificado, sino como ruido familiar que llenaba la casa de gracia sin pedir permiso. Y ahora, cuando veo esta estética clásica tan presente en redes, los cuadros, los rojos profundos, los verdes oscuros, no la siento ajena. La siento conocida. La siento nuestra desde antes de tener nombre comercial. Porque la verdad es que muchas crecimos con una Navidad así… solo que ahora aparece envuelta en branding y hashtags impecables. Que tengo que reconocer ha sido una estrategia impecable de la marca, digan de ser recordada.
Un recordatorio necesario
A veces me detengo a pensar en esto: qué fácil es dejar que una marca renombre lo que siempre fue nuestro. Sería una tristeza que nuestros hijos recordaran esta temporada como “la Navidad Ralph Lauren” y no como la Navidad de sus casas de infancia, o de la casa de la abuela con esas cintas a cuadros, rituales sencillos y la calidez que no viene con ninguna etiqueta.
Por eso cuido lo que elijo y por qué lo elijo. No quiero heredarles una estética con logo; quiero que crezcan reconociendo que la belleza también se construye con memoria propia, no con tendencias prestadas.
Cómo recrear esta estética (o reconocerla) sin empezar desde cero
Si te gusta este estilo, te comparto algo desde lo más honesto: probablemente ya tienes la mitad en casa. Porque esta estética no es un catálogo: es una sensación. que se construye con intención.
1. Empieza con los colores clásicos que posiblemente ya viven en tu casa
Rojo y verde profundos, un neutro cálido y dorado. Eso es suficiente para que el espacio se sienta navideño sin esfuerzo. A veces ese rojo está en un libro, una bufanda, una corpata o un lazo guardado desde hace años. La Navidad también se encuentra, no solo se compra.
2. Los cuadros no tienen que venir de la tienda pero si es asi bienvenidos sean.
En tantas casas, los cuadros nunca fueron un “tema”: simplemente estaban ahí. Una manta, una camisa vieja, una bufanda heredada. Ese tartán improvisado tiene más alma que cualquier adorno nuevo. Ademas existen telas de cuadros que desde siempre han invadido las tiendas y en algún momento seguro te encontraste con uno.
3. La madera, los libros y los rituales hacen más por la estética que cualquier adorno sofisticado
Apila libros con lomos verdes rojos u oscuros. Usa una bandeja de madera como base para velas. Crea una pequeña estación de chocolate caliente. Usa guirnalda o ramas verdes, una planta de romero natural por ejemplo. La Navidad no necesita verse perfecta: necesita sentirse viva.
4. Los lazos son el recuerdo más fácil de repetir
En muchos hogares, esos lazos se elegían con cuidado porque debían durar años. Ese ritual sencillo tiene más valor que cualquier tendencia. No necesitas docenas de lazos nuevos; necesitas dos que signifiquen algo. Para la entrada, para la mesa o para tu árbol, ubicalos con intención.
Volver a decorar para la vida real
El ruido de las redes nos empuja a decorar para la foto, no para la familia. Pero cuando pienso en esos gestos cotidianos, ajustar una cinta, mover una rama, respirar tranquila mientras el árbol toma forma, recuerdo que la Navidad nunca se trató de estética perfecta: se trató de intención, de memoria, de cariño silencioso. Esa es, para mí, la definición más pura de lujo silencioso: la belleza que no grita, pero permanece.
Una Navidad lenta y propia
Si algo quiero dejarte con este texto es esto: la estética importa, sí… pero lo que la sostiene es la historia detrás.
Pregúntate:
– ¿Qué quiero que mis hijos recuerden de esta Navidad?
– ¿Qué objetos ya tengo que cuentan nuestra historia?
– ¿Qué rituales puede repetir mi familia para que se vuelvan tradición?
A veces basta con un lazo rojo, una cinta que vuelve cada año, o esas gaitas que alegran la memoria mientras ajustas una rama. Tal vez la tendencia cambie, pero tu historia no. Y allí está la verdadera belleza: en crear una Navidad que tus hijos reconocerán y recordaran como suya, no como una etiqueta de marca.
Si quieres inspiración práctica, también te dejo mis favoritos de Amazon para recrear esta estética clásica, cálida y atemporal con detalles sencillos, bellos y accesibles. Son piezas que elegí con intención, esas que aportan calma, textura y calidez sin perder autenticidad, por si buscas ideas que acompañen tu propia versión de esta Navidad.












































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